miércoles, 18 de enero de 2012

"LO QUE SE DICE A VECES EN EL JARDÍN BOTÁNICO"

Ayer en la noche en el transporte de regreso a casa, alguien que resultaron alguienes hicieron la parada, él y ella, venían de la escuela, él con impecable suéter azul, ella con falda tableada, ambos con rostro de rompimiento. Él se sentó justo frente a mí, ella a mi lado.

Ella fingía envíar mensajes por teléfono, él simulaba no importarle (no lo hacía muy bien),  después de un rato, ella aparentaba dormir, tampoco lo hacía bien pues el temblor de las pestañas y del alma la delataban, él se resistía a mirarla y expulsaba su mirada por la ventana.

Él no pudo más y dejó que la intuición tomara su mano y sacara un cuaderno y una pluma, ella lo miraba por la rendija de sus ojos falsamente dormidos. En la oscuridad él escribió "quien sabe qué silencios", ella escuchaba el deslizar de la pluma y el tronar de la hoja, se animó a mirarlo y cerró los ojos nuevamente temblando más que antes.

Ella resplandecía por la espera, mientras tanto él terminó de escribir, arrancó la página y la dobló mientras sostenía la pluma con el borde de sus labios, ella quiso hablarle, pero no pudo. Él no se decidía a dejar libres las líneas escritas para que saltaran sobre ella y ella sobre él.

Pasé una moneda y bajé. No supe si ella recibió la correspondencia, pero estoy seguro que él escribió "lo que se dice a veces en el jardín botánico".

martes, 3 de enero de 2012

EL SIGUIENTE GRADO ESCOLAR.


Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Pasatiempo
M. Benedetti

De niño, ir a la escuela nunca fue mi fuerte, en verdad un charco era un océano, la perestróika no era una reestructuración económica, sino una línea de zapatos (hoy es nostalgia calzadera), el muro de Berlín no eran 45 kilómetros  de odio e intereses, ni llanto ni muertos, ni Chris Gueffroy baleado por soldados, sino un rumor, una noticia y  un niño en una película a blanco y negro; el Tío Conejo era un cuento, un asesino en rosa que nos mostró que también existía la mala voluntad.  Los ochentas no eran la década perdida, ni devaluación o defensas del peso como perro,  las noticias eran aburridas, la voz de Jacobo infalible somnífero, los domingos Raúl Velasco  presentaba por igual a Flans que a los Temerarios, a Locomía y a Joan Sebastian, la tele nos educaba sentimentalmente; el estómago se retorcía por la amarga sensación de ir a la escuela el lunes temprano, ese sabor a derrota no dejaba dormir y ni con el canto de las ranas.      

Cuba no era Fidel o socialismo, ni el recuerdo y las luchas de Ernesto, tampoco era revolución o la Habana vieja, Cuba no era nueva ni vieja trova, Cuba era un pedazo de tierra rodeado de mar, si acaso evocaba la i de isla y uno imaginaba las palmeras; más tarde el país caribeño nos recordaría que como Beto, Pepe y Lupe unos tienen mucho, otros poco, otros uno y otros nada, además  El señor, el niño y el burro nos enseñaron lo que más tarde oiríamos de Pablo Milanés: "Y del presente que te importa la gente si es que siempre van a hablar".

 El piojo si era el piojo en el mejor de los casos, en el peor de los mismos el apodo de algún compañero de higiene dudosa o baja estatura.  ¡Ah! pero la rata no, la rata era planchadora; el ombligo era el que traía el rey en la panza, la muñeca era la vestida de azul y las certezas se limitaban a saber que dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis y el futuro era solamente el siguiente grado escolar.

Imágenes obtenidas aquí

domingo, 18 de septiembre de 2011

LA MÚSICA QUE NO ELEGIMOS.

Hay música que no elegimos, que no forma parte del repertorio en nuestras listas de reproducción en el celular, computadora o mp3, ni tenemos o compramos discos con ella. Y sin embargo... esa música nos acecha, nos busca y ronda nuestro pensar, guardada en el rincón más apartado de nuestra mente, hasta que alguien o algo la llama. Una fiesta de quince años, un bautizo, una boda, pueden ser los lugares que la convocan, y es entonces, y sólo entonces que Juana la cubana trae algo más que el ritmo sabrosón (como jugo de manzana), cada raspar del güiro trae un recuerdo, un olor de arroz con mole en plato de unicel y cuchara blanca de plástico, el mole pica y buscas el alivio con coca cola (¡qué ingenuo!). "Háganle una rueda a Juana" y te recuerdas buscando corcholatas por debajo de las mesas cubiertas de manteles blancos, entre pisotones y piernas de mujeres gordas, siempre preferiste corcholatas de refresco de sabor porque eran de colores, pero te conformabas con las de cerveza con ese olor amargo pero igual servían. "Un paso pa' delante y un paso para atrás pero con ganas" y ahora eres tú y los demás niños corriendo al patio que hace de pista de baile que se desaloja un poco al terminar una cumbia, todos corren y dan vueltas al tubo que sostiene la lona y ves una niña que intenta despegar un globo. De nuevo se escucha la música, "Ya está cerrada con tres candadoooooos" no tienes tiempo de salir, te quedaste atrapado entre las parejas que llegan a bailar, te llega un aroma intenso de perfume, alcohol, cigarro, cosméticos y sudor, todo al mismo tiempo, "Pero la puerta no es la culpableeeeee" y sientes un pisotón con tacón de mujer, luego un empujón seguido de un codazo, tratas de salir y lo logras no sin antes recibir tres empujones más, dos apretones y tres miradas furiosas.

No sólo las fiestas familiares-populares son encuentro de ésta música: Te subes a la combi, te sientas donde apenas cabes, y entonces escuchas "Sabes que te quiero Yolanda..." y vuelves a recordar "Que por ti me muero Yolanda" Y ahora eres tú con el suéter tejido color azul, en la bolsa del pantalón cargas algunas monedas con el rostro de Venustiano Carranza, la fiesta continúa, nadie nota tu ausencia, sales a la tienda de a lado, en el mostrador oxidado ves un par de galletas, volteas y se te antojan unas papas, finalmente te decides por jugar Street Fighter y metes la primer moneda, la música de la fiesta es tan alta que retumba en tus oídos "Y me desespero Yolanda" claro está eliges a Ryu , no podía ser de otra manera, "Eres muy bonita, pero mentirosa" acabas con Guile y apenas matas a Zangief "Dices te quiero, te quiero mi amor" y llega a retarte el vago de la cuadra y todo se decide mientras escuchas que aquella mujer no tiene corazón.

Esa música que uno no elige, sosa y repetitiva, nostálgica, unas buenas, otras malas y otras peores, pero que está ahí, "esperando como el día de mañana".

viernes, 1 de julio de 2011

EL CUENTO Y LA MUERTE l.

"La literatura es forzosamente síntesis" leí hace poco y es verdad, la literatura no puede registrar cada paso, cada movimiento, idea, pensamiento, presentimiento, cada sensación; no cabe duda, que la literatura siempre será resumen. No me malentiendan, con esto no quiero decir que la literatura es escasa ni escueta sino que hablo de su imposibilidad de abarcarlo todo como le sucede al pensamiento. Esta condición de la literatura es más evidente aún en los relatos cortos, el cuento breve, mini o micro relato o como quieran llamarle. Todo esto lo traigo a cuento (jeje) porque en días pasados me invitaron a participar en un evento para narrar cuentos cortos, breves ¡qué digo breves! ¡brevísimos! y pues como soy muy aplicado y cumplidor me puse a hacer la tarea y averiguar sobre el relato breve, sus autores y su teoría. Fue entonces que encontré un texto de Óscar de la Borbolla, en el que dice que "La vida puede tener mucha paja, en cambio la literatura es por fuerza sintética" por lo tanto el minicuento es la supresión máxima de esa paja, el minicuento es la expresión máxima de la supresión de los detalles, igual que la muerte (aquí viene lo interesante) lo es de la vida. La muerte suprime, como nada puede hacerlo, la muerte es la nada total, el minicuento más profundo y estremecedor, Jaime Sabines diría que "...sólo los muertos son la muerte, y eso, de veras, ya no importa".

Borbolla habla del surgimiento del minicuento en los cementerios, sobre las tumbas, en los espitafios. "Les dije que estaba enferma" se lee en la tumba de la hipocondriaca o "Si lloran que sea de risa" o "Siempre soñó con su propio jardín". Debajo de cada epitafio hay un sinfín de historias con innumerables detalles, sólo que se suprimen bajo el rigor de la muerte. El relato breve pues, nace, irónicamente, de la muerte.

Continuará...

martes, 21 de junio de 2011

DE A DEVIS.

Se escuchó el golpe, frío, seco y sin eco, mortal. Sebastián sólo alcanzó a sentir que algo en él se desprendía, sentía dolor, pero también la resignación del que se sabe derrotado y lo acepta. Mientras tanto, Manuel, el vencedor, continúo con lo suyo, levantó la mirada y el puño manchado de tierra, sin perder tiempo fijó su mirada al filo del siguiente contrincante -uno más- pensó mientras se escuchaba otro golpe, esta vez era Jorge, quien alcanzó a vociferar maldiciones antes del contacto. Todos estaban admirados, quienes miraban alrededor sin participar en la contienda exclamaban la habilidad de Manuel, excepto dos o tres orgullosos que sólo ponían el rostro serio y alargado de quien no le da mucha importancia a lo que está viendo, sin embargo, bien sabían que ellos tampoco podrían vencerlo fácilmente.

Finalmente se escucha un timbrazo. Todo terminó.

Cada quien recoge sus canicas, hay que regresar al salón.

miércoles, 11 de mayo de 2011

YA LO DIJO LYOTARD...






Posts más abajo había tomado el tema "La tecnología en el aula" y recordé a Lyotard que en algún lado y en algún momento dijo: La era del profesor ha llegado a su fin. Después de eso, una tarde de otoño, en mi actual trabajo recibimos la noticia de que un hombre de nombre raro (para nosotros) llegaría de visita, su nombre era Sugata Mitra, e inmediatamente comenzamos a bromear con su nombre. El señor Sugata llegó con toda una comitiva de personas, les explicamos lo más detalladamente posible en diez minutos en qué consistía nuestra labor aquí. Un par de horas después la curiosidad me ganó y comencé a investigar sobre éste curioso personaje y me encontré con el video que está arriba de estas líneas y que aún me sorprende el contenido por varias razones, el tema es Outdroctination (que sería algo así como fuera la adoctrinación), que tiene que ver con la capacidad de los niños de organizarse sin la presencia adulta para la enseñanza. La grabación va de lo siguiente:

1. Entre más alejadas están las escuelas de las ciudades más bajo es su rendimiento.

2. El señor Mitra habla de dos tipos de lejanía: la geográfica y la económica-social, es decir, puede haber colonias dentro de las ciudades que por estar en condiciones paupérrimas no acceden a la más mínima oportunidad educativa, quedando así "lejos" de escuelas y profesores; y está también la lejanía geográfica, donde casi ningún profesor quiere estar.

3. En estos lugares lejanos no hay profesores suficientemente buenos y si los tienen no pueden retenerlos. También falta infraestructura y si la tienen es deficiente.

4. En una muestra tomada en la India se les preguntó a los profesores ¿Les gustaría mudarse a una zona urbana? 69% contestó que sí.

Ahora bien, hay algunas preguntas: ¿Qué sucede con la educación en éstas condiciones? ¿Qué tan parecido es ese caso con nuestro México? ¿Qué se le puede objetar a Mitra? ¿Por qué la gente no sonríe?

Me remonto a la experiencia que viví en la sierra oaxaqueña, fui docente de preescolar durante algún tiempo y todos mis compañeros sin excepción alguna querían salir de sus centro de trabajo y trasladarse a un lugar donde hubiera mayores y mejores servicios, y no los culpo, pero Sugata Mitra tiene razón en ese aspecto ¿Cómo impacta la educación un maestro que todo el tiempo entra al salón y piensa: Quisiera estar en otra escuela?

Los profesores están organizados en un sindicado, por participación y asistencia en juntas, marchas y plantones, el sindicato otorga puntos que se podrán canjear al inicio del ciclo escolar por movimientos a lugares más o menos urbanizados, quien haya logrado mayor puntaje será el privilegiado en elegir primero a dónde quiere irse a trabajar, los profesores de recién ingreso serán mandados al último rincón de la zona escolar, sobra decirlo, donde nadie quiere estar.

Tuve compañeros que de mala gana asistían a dar clases, sin la más mínima vocación, gente que heredaba una plaza de sus padres que fueron profesores, gente que quería ser otra cosa, que tenía otros sueños, pero a la mera hora "aunque sea de maestros", gente que prácticamente huía a media semana de la comunidad a la que habían sido asignados y regresaban el lunes para volver a irse el jueves. Una compañera me preguntó que cómo se escribía sombrilla si con ll o con y, y no soy de los que cree que los maestros deban saberlo todo, pero tampoco deben exagerar. En otras palabras con hay proceso educativo, no hay un encuentro real humano-humano con los estudiantes, con los padres ni con la comunidad.

En estos lugares lejanos, los profesores no duran un ciclo escolar completo, la migración es constante y siempre tienen a los más novatos, a los más desesperados. Si tenemos estas condiciones, Sugata Mitra propone algo que resulta espeluznante por abrumador: El reemplazo de profesores por computadoras, el juego es otro como ya lo diría Lyotard: "siempre habría algo que enseñar a los estudiantes: no los contenidos, sino el uso de terminales...El profesor...no es más competente que las redes de memorias para transmitir el saber establecido"

Todo esto tiene una inmensidad de implicaciones en distintos campos que llevan desde lo informático hasta lo ético, mientras tanto, corre la migración de profesores sin discurso.

martes, 25 de enero de 2011

SANTA RITA.

Al 3° "E" de la Sec. Téc. #65 Jaime Torres Bodet 1995-1996.

(Click en la foto para verla más grande)

Santa Rita, así se llamaba; no, no una compañera, sino uno de varios bailes folklóricos (bueno, ahora estoy enterado que Santa Rita era un baile folklórico, porque antes aunque lo hubiera sabido no me habría importado mucho) que preparó la maestra Lourdes para que "el grupo de danza" lo ensayara, el cuál iba acompañado de un vistoso traje de Piporro. La maestra Lourdes llevaba la clase de Educación Artística, "tu mamá" decían siempre los de los otros grupos cuando se referían a la maestra o Lulú como muchos otros la llamaban.

Santa Rita decía yo, era un baile norteño, comenzaba con una voz aguardientosa y potente que nombraba el título de la canción y que a la vez funcionaba como un en sus marcas...listos...fuera porque enseguida venía la música y tenías que dar tremendos taconazos tomado de tu pareja y balancearte arriba y abajo al ritmo de la música, ¡ah porque eso sí! yo no sé en su secundaria pero en la mía, un solo grupo que debe ser de tercer grado, participa en todos los eventos cívicos y sociales con bailables y que además es bautizado como "El grupo de danza". Bueno, también llevábamos todas las demás materias, como Español, donde el profe era más bien conocido como el Nopal (ustedes saben, por baboso) o la clase de Educación Física con el engreído profesor Orlando que sólo dios sabe porque no le gustaba que jugáramos al fútbol, aunque al menor descuido lo hacíamos, cuando por suerte alguien llevaba a la escuela una pelota y para que pasara desapercibida la desinflaban, en todo caso un bote vacío de frutsi de uva era suficiente para patear, sin embargo, no fue suficiente para ganar la final del mini torneo que se realizó en la escuela, 3-2 el marcador final.

Otra clase que recuerdo era la de Historia con el profe Matamoros (muy ad hoc su apellido pues su clase era Historia de México). Hablando de maestros, alguna vez el profe de Orientación entró al salón y vió basura en el suelo, lo cual provocó se le introdujeran en el cuerpo todos los demonios de Greenpeace y nos dijera encabronadamente encabronado (así es, estaba furioso) que si así nos gustaba el salón que mucho gusto y acto seguido tomó el bote de basura y descargó su contenido por todo el suelo, mientras vociferaba quién sabe qué cosas y su rostro blanco se teñía color jitomate echado a perder. O aquella vez que el mismo profesor nos dejó el trabajo en equipo de cambiarle la letra a alguna canción para después pasar frente a todo el grupo y cantarla, y solo quien no esté muy enterado de esos rollos de la adolescencia no sabe que exponerte frente a todo el grupo puede dar terribles resultados. Pues bien, era el turno de mi equipo y no detallo nada sobre eso porque mi mente lo ha bloqueado por alguna razón, pero el equipo que más recuerdo fue el de unas compañeras que al parecer se tomaron el trabajo muy en serio y estaban frente todos, cuando comenzaron a cantar, todos nos reímos, era inevitable; pero la risa no era porque cantaran mal, todo lo contrario, lo hicieron mejor que cualquiera.

En fin, quisiera poder recordar más, mientras tanto ¡Santa Rita!

viernes, 14 de enero de 2011

¿QUÉ ES LEER?

La semana pasada una señora me preguntó de manera inquisitiva y sarcástica si se puede fomentar la lectura en niños pequeños que aún no saben leer (lo que quiso decir con "leer" es descifrar un lenguaje escrito de manera sonora y consecuente de tal forma en que se pronuncien palabras, lo cual requiere de un esfuerzo de abstracción e interpretación) nunca esperé esa pregunta pues para mi es evidente y prácticamente obvio que se fomente la lectura en niños que aún no saben "leer"; y aunque un poco desubicado pero con la gran destreza que me caracteriza logré contestar: pues si señora, fíjese que si, las ilustraciones pueden contar historias por sí mismas sin necesidad de texto, hay multiplicidad de lenguajes fuera del escrito. No recuerdo qué más le dije, pero creo que me desmayé.

Entonces ¿Qué es leer? Según wikipedia leer es el proceso de percibir y comprender escritura. Lo que nos deja en las mismas, pues leer sobrepasa el universo del lenguaje escrito. Todo el tiempo leemos-interpretamos lo que se nos cruza en el camino, una mirada, un gesto, una imagen, una palabra, una obra de arte, etc. además de leer, claro, libros, periódicos, revistas, blogs, facebooks, anuncios espectaculares, butacas rayadas, paredes grafiteadas, mensajes de texto, recados en la pared del baño y otros tantos etcéteras.


José (Choché pa los cuates) es un niño de cuatro años, que me dijo que el sí sabía leer, tomo un libro llamado Codrilo de Roberto Aliaga (muy bueno por cierto) y página tras página, con toda la paciencia del mundo contó lo que para él decían aquellas líneas indescifrables (para él), lo pronunció en un lenguaje indescifrable (para mi), pero con sentido y pertenencia en su realidad, la realidad del "como si" que es la realidad del juego, los niños juegan en serio, ponen su vida en ello, jugar a "como si leo" "como si fuera grande" "como si fuera maestro" "como si esto o aquello" Choché descifró las imágenes y las letras, no como la señora preguntona o yo lo haríamos, pero ni falta que hace. Esto aunado a que es claro que si los niños se acercan a los libros de manera cotidiana y sin tanta reverencia, en un futuro podrán acercarse al lenguaje escrito sin solemnidad y con gusto.

jueves, 6 de enero de 2011

DÍA DE REYES.

Debo comenzar diciendo que nuca tuve un día de reyes excepcional o extraordianrio y por eso tal vez se crea que por mí, habla cierto dejo de rencor o desilusión pero no es así. La cuestión, pues, es: ¿Por qué mentir a los niños diciendo que los reyes magos existen? El mantener una ilusión me parece una tontería, decir que es parte del mundo infantil es estúpido porque atentamos y nos burlamos de su inteligencia, además de aceptar que les mentimos sin ton ni son y sin la menor excusa con quién sabe qué fin; pero decir que les mentimos para forjar el carácter me parece una excusa absurda.

En mi caso descubrí que los reyes magos son una falsedad el día que encontré juguetes en el ropero de mi casa, mi mente se vio envuelta en un vértigo de fuertes proporciones tratando de averiguar qué hacían aquellos juguetes postrados en el interior del mueble para resguardar las vestimentas. En ese esfuerzo sesudo e intelectual me encontraba buscando posibles tesis entre las cuales se encontraba la de que los reyes magos habían decidido pasar un par de días antes a mi casa por lo maravillosamente bien que me había portado, hipótesis que se esfumó cuando recordé que ni ese mismo día me había portado como diosito manda. La siguiente explicación fue pensar que mis padres guardaban aquellos juguetes para un cumpleaños, bautizo o primera comunión al cual habían sido invitados, hipótesis posible pues no habría sido la primera vez que guardaban o escondían juguetes que no eran para sus hijos sino para algún regalo, idea que también se derrumbó al ver que eran precisamente los juguetes que mis hermanos y yo habíamos pedido, no había otra explicación, además de que ninguno de mis padres vendía juguetes y tampoco jugaban ya con ellos.

En fin, en un grupo del taller de creación literaria con jóvenes de entre doce y quince años, se leyó un cuento llamado El infierno tan temido de Hernán Hernandez Zavala que es parte del libro Atrapados en la escuela y que pueden leer dando un click AQUÍ, el fin del relato es así:

Este final dio pie a que los participantes del taller escribieran su experiencia en la forma en que se enteraron que los dichosos reyes no existen y muestro algunos resultados.

"Un día mi hermano me dijo que me quedara con el a ver los Simpson y me quedé dormida y cuando fui a mi cuarto vi a mi papá acomodando los regalos y no se dio cuenta y en la mañana siguiente me hice la sorprendida"

Liz 13 años.

Los niños de sexto se metían a nuestro salón, yo iba en segundo y nos decían que los papás eran los reyes, yo no quería creer y un día le pregunté a mi mamá y que me dijera la verdad y me dijo que lo que había escuchado era cierto y luego me vino a la mente el ratón (de los dientes) y pregunté por él y era igual y se marchitaron mis sueños ese día, me sentí muy triste, decepcionada..."

Pao 13 años.

Cuando descubrí que los reyes magos no existían tenía once años, todos decían en el salón que los reyes no existían, pero no me convencí mucho, en la noche mis papás me despertaron para acomodar los regalos y ahí descubrí que los reyes magos no existen".

Diana 14 años.

Yo todavía creo en ellos y mi hermano también, todos los años les dejamos botana y al otro día ya no hay. Este año me dormí con mis papás y ninguno se levantó, al otro día sí había juguetes"

Vania 11 años.

Que cada uno saque sus conclusiones.


viernes, 10 de diciembre de 2010

PROGRAMA COMPLETO.

Una vez más, los esperamos el martes 14 de diciembre.

viernes, 3 de diciembre de 2010

INVITACIÓN

El día martes 14 de diciembre y gracias a la invitación del gran Voroz Akbal estaré participando en el evento La lectura como acto de emancipación en el Centro Cultural Villaurrutia, aquí el programa:

CENTRO CULTURAL XAVIER VILLAURRUTIA

PRESENTA.

Lectura en Voz Alta de:

Ángel López
Promotor Cultural y de la Lectura.

Igor Sánchez
Responsable del Libro Club El Rincón de las Maravillas.

Jorge González
Programa Libro Club.

Charla
La lectura como acto de emancipación.

Akbal
Noise Poético.
Poesía y cuentos musicalizados.


Martes 14 de diciembre de 2010
16: 00 hrs
Centro Cultural Xavier Villaurrutia
Glorieta de los Insurgentes
Local 11

Pues no se diga más, es entrada gratuita y quien pueda caerle es bienvenido.


jueves, 2 de diciembre de 2010

DON GABINO.

Después de largas semanas en la comunidad donde laboraba, acabado el ciclo escolar y también pasada la euforia de la clausura, por fin una madrugada, aún oscuro el cielo, preparé todas mis cosas para retirarme y no volver, la mayoría de mi equipaje lo había guardado la noche anterior, solo dejé lo indispensable fuera, enrollé y amarré mi colchoneta, dije adiós a mi morada temporal, me despedí de los salones vacíos (en un salón vacío solo quedan fantasmas) miré por última vez el pizarrón y cerré la puerta. Unos cien metros adelante esperé el transporte, una camioneta verde ya traqueteada por el uso y el camino.

Dos horas después llegué al que era mi lugar de residencia, con el peso de haber terminado el ciclo escolar y todo su papeleo, su ajetreo. Vi mi cama y sin pensarlo dos veces me arrojé a ella para dormir dos o tres años. Once de la mañana: alguien toca a mi puerta fuertemente, me levanto, siento los ojos hinchados y un hilo de saliva caliente corre por la almohada, salgo y me avisan que alguien me busca en la calle, al llegar a la puerta un par de señores desconocidos para mi me saludan y dicen que en la presidencia municipal les dijeron (así se hacen los chismes) dónde encontrarme para que le hiciera una entrevista al entonces senador Gabino Cué en la radio comunitaria en donde yo participaba; al escuchar esto terminé de despertar y contesté que con mucho gusto, pregunté qué día y y a qué hora, me contestaron que ya venía en camino y que en quince o veinte minutos estaba por llegar. Corrí y me dí un buen baño veloz, el cansancio saltó de mi cuerpo y me dirigí a la pequeña cabina de radio (de aproximadamente dos por tres metros), alisté el equipo, no tenía ni la más mínima idea de lo que debía preguntar o sobre qué tema platicaríamos. En fin, cuando pasaron los veinte minutos vi una figura blanca y alta atravesar la puerta de la pequeña cabina de radio, con una voz firme y grave saludó amablemente y preguntó mi nombre. Detrás de él entró otra persona, era un gordito chistosón que al parecer era diputado local o algo así, y detrás de ellos dos entraron tres o cuatro personas, una fotógrafa, al parecer un periodista y otra persona filmando todo (esto no ayudó a calmar mi inquietud y mis nervios), el periodista me tendió el brazo con un periódico propagandístico con los avances de la gestión de Gabino Cué, todos nos acomodamos en nuestros lugares y comencé la entrevista.

La charla giró en lo inusual que es ver a un senador de la república por aquellos lugares cuando no es tiempo de campaña, don Gabino reconoció la extraña visita y juró y perjuró que lo hacía para dar seguimiento a sus promesas de campaña, para reunir el sentimiento de la gente para nuevas propuestas y para rendir cuentas de los avances logrados. Nos extendimos una hora , entre fotos, video y preguntas. Dijo que tenía que continuar su recorrido, se despidió con un apretón fuerte y seguro, lo mismo hicieron los demás.

La entrevista fue a mediados de 2008. Ayer en el periódico ví una foto de don Gabino tomando protesta como gobernador del estado de Oaxaca. Si estaba en campaña.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿LEER PARA COMPLACER?


Si les decimos a las personas mayores:
"He visto una
casa preciosa de ladrillo rosa,
con geranios en las ventanas y palomas en el tejado",
jamás llegarán a
imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles:
"He visto una casa que vale cien mil pesos".
Entonces
exclaman entusiasmados:
"¡Oh, qué preciosa es!"

Antoine de Saint-Exupéry

Hace un par de días la señora madre de un alumno de ocho años de un taller de fomento a la lectura me preguntaba por los "avances" de su vástago, le interesaba porque el año pasado el niño sacaba (éjem) puro seis en español y en comprensión lectora, la seño finalmente no entedió que la lectura no es para obtener un diez en español, entonces ¿leer, para qué?, antes de intentar contestar debo decir que soy básicamente un docente, caí en el mundo del fomento a la lectura, los narradores orales y los cuentacuentos por causas y azares, así que temo no poder separar la lectura de la cuestión educativa, o por lo menos, no puedo dejar pasar la forma en que la escuela ve a la lectura.

Pues bien, temo decir que al parecer, la gran mayoría lee para complacer, si, pero no para complacer un goce o una pasión, sino para complacer estándares estúpidos de la mal llamada comprensión lectora, después de ser obligado a leer, los niños son fusilados con preguntas: ¿Cómo se llama el protagonista de la historia? ¿Quién era el antagonista? ¿Cuál es el nudo? ¿Cuál el desenlace?...¿Y la comprensión? No le preguntaron al niño qué sensaciones tenía al leer el relato, tampoco le preguntaron si le aburrió leer, leyó para complacer. Complacer al viejo maestro que se siente satisfecho cuando los niños memorizan la lectura, complacer al programa estatal de lectura, complacer al padre o a la madre que piensan que si su hijo lee ellos están cumpliendo cual debe su sagrado deber, leer para pasar el exámen, leer para complacer al sistema, leer para complacer a la moda (best sellers), leer en un lugar público para complacer nuestro esnobismo y presunción, leer para complacer al reloj (60 palabras por minuto, 120 palabras por minuto, etc.) leer para complacer a las estadísticas, leer para complacer a los encargados de cultura en sus informes, complacer a gobernadores y presidentes en sus datos. Leer para complacer, leer para que dejen de chingar.

Dice Saint-Exupéry en El principito que ningún adulto entendería si alguien le dijese "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", en cambio si se le dice "He visto una casa que vale cien mil pesos" el adulto entenderá y dirá "¡Oh, qué preciosa es!" Así pasa con los libros, quien ha sido obligado a leer no podrá decir "he leído un cuento que estalló en mi pecho e hizo volar mariposas de mis ojos" en cambio sí podrá decir "he leído 240 palabras por minuto", "leí un libro cada mes" o "me aprendí de memoria el cuento" entonces dormiremos complacidos y con un sonrisa levemente retorcida.

Por supuesto hay gustos y placeres que se adquieren y no son obra de generación espontánea, leer es uno de ellos y ni con calzador entra. Cuando leamos porque queremos hacerlo, así nomás, por querer, entonces seremos como aquellos niños que colorean por fuera de las líneas marcadas y pintan una manzana azul, un sol rojo y un cielo morado. Entonces seremos libres.

De paso decir que hoy es el día del libro en México, así que, pues felicidades a los libros en su día.

martes, 19 de octubre de 2010

MUÑECA DE TRAPO.


Según la Enciclopedia de los Municipios de México, Santa Cruz Itundujia es un territorio poco poblado por lo abrupto del lugar, se encuentra a una altura de dos mil trescientos veinte metros sobre el nivel del mar, su orografía es montañosa, lo que hace muy difícil el acceso hacia este municipio y su clima es frío con oscilación térmica anual corta de 15-18°C, con lluvias en parte de la primavera, verano y principios de otoño. En otras palabras: Es un lugar lejano, lleno de piedras y cuando no llueve y hace frío, llueve y hace frío.

Ahí conocí a Rosita, la niña más alta de los dieciséis niños de tercer grado de preescolar; ruda, malhumorada, despeinada y con las mejillas partidas, con los ojos tan grandes y hermosos que no le cabían en la cara; con los pantalones rotos y cortos, pues ninguno le quedaba bien, siempre llevaba un suéter rojo que ya se descocía por las mangas y por la parte de abajo, además de tener ojales pero no botones. Una mañana fría como todas, Rosita se quitó su raido suéter en el patio durante el recreo, quedándose con una delgada playera de manga corta, yo me quedé observando detenidamente, ella enrollaba su suéter como si fuera un tamal, pensé que era imposible tener calor entre un aire tan frío, terminó de enrollar el suéter dándole vueltas al par de mangas que habían quedado colgadas, y entonces, comenzó a arrullar y a cantar suavemente. Tenía entre sus brazos una muñeca de trapo.

La imaginación estaba en pleno, al límite, fuera de toda limitación física. Otra niña la imitó, yo subí hasta el cuello el cierre de mi chamarra.

martes, 12 de octubre de 2010

¡CHIRRÍN, CHIRRÍN, MI PROFESOR!

Era mi primer trabajo como docente, la supervisora escolar me había dado un documento para presentarme en la escuela a la que me habían designado, la cual era de organización unitaria, ¿Que qué quería decir eso? pues que un sólo profesor le hacía de todo, además de dar las clases, se encargaba de la dirección y todo el papeleo administrativo, se encargaba de la limpieza de la escuela así que también era el intendente y jardinero, encargado también de gestionar (pedir pues) materiales para la escuela, además de tener que planear las actividades para un sólo grupo que se componía de niños de tres, cuatro y cinco años, tarea demoledora si se tiene en cuenta que un año de diferencia a esa edad es un abismo.

-Preséntate con la autoridad- me dijeron, y para ello cierta lógica formal y putañera me dictó que la manera de hacerlo era vestirme lo más presentable (ñoño) posible, así que me puse un pantalón de vestir (¡ah chingá! ¿no todos los pantalones son para vestir? misterios de la vida) camisa, zapatos estupendamente boleados y sonrisa de turista.

Comenzó el viaje. Para llegar a la comunidad no había transporte directo, habría que esperar hasta que un alma caritativa en cuatro ruedas te diera un aventón, así que esperé y en veinte minutos estaba yo en la parte trasera de una vieja camioneta de redilas, (después me enteré que el chofer era otro profesor que se dirigía a un pueblo más adelante de donde yo bajaría). Bajé y caminé directamente a la escuela, que por cierto estaba cerrada, yo sabía que las llaves las tenía el señor autoridad, así que era tiempo de ir a verlo, caminé unos metros hasta la agencia municipal que si han visto la película La ley de Heródes y pa' los que no la hayan visto, la autoridad despacha en lugares más o menos así:













Llegué y nada del agente municipal, fui a preguntar a una casa cercana y me dijeron -¿Ve esa casa hasta allá en el cerro? ahí vive- y pues a caminar se ha dicho, para llegar a tal punto tenía que rodear una laguna que de cerquita se ve más o menos así:


















Dispuesto a rodear la laguna y llegar con quien me tenía que presentar, ví el suelo y parecía firme, di un igualmente firme paso y mi pie se fue hundiendo en un movimiento brusco sin reversa posible, ya tenía el lodo hasta la espinilla (la espinilla de la pierna no de la cara) , y como el hombre es un animal al que le gusta tropezar con la misma piedra, di el otro paso para no defraudar a la especie y tenía lodo hasta ambas espinillas. Estaba sudando demasiado por la caminata y la corretiza que me pusieron un par de perros una casa antes de llegar a mi destino. Por fin llegué, toqué y pregunté, me dijeron que el agente municipal acababa de salir, señalándome un camino seco y seguro. Aquí mi recorrido, en la imagen se ve fácil já.



Regresé a la agencia y por fin conocí al señor autoridad, era un hombre de unos sesenta años, sin algunos dientes y muy amable (después me enteré que leía a Nitzsche y a Marx, y que cuando se volvió una persona religiosa quemó todos sus libros, pues según él, leer nos vuelve soberbios) me dijo que anunciara por el altavoz que ya había maestro en la comunidad y me dio las llaves de la escuela.

Abrí la puerta principal, al fondo de la escuela vi un cuarto de madera, a la mitad un salón y por todo el patio el pasto tan crecido que un niño de tres años podría ocultarse en él. Abrí la puerta del salón y pensé en que todo era muy extraño y pensé en la forma en que había llegado hasta ahí, no importaba, vi un machete, lo tomé y comencé a cortar el pasto. En cuestión de minutos llegaron los primeros padres con sus niños para inscribirse, tenía que juntar un mínimo de quince alumnos para que no cerraran la escuela, al final del día se habían inscrito nueve, así que con una lista obtenida de la clínica de la comunidad me lancé en la búsqueda de más niños.

El cuarto de madera tenía candado y yo no tenía llave, era el cuarto destinado para el profesor, pude entrar a él días después, sus paredes eran tablas dispuestas verticalmente y de unos cincuenta centímetros de ancho, los espacios entre tabla y tabla estaban cubiertos por páginas de libros de texto gratuitos de hace muchos años y descontinuados, de entre las cuales reconocí algunos textos que leí en la primaria como El garbanzo peligroso y recordé a la Tía Sidonia. El piso del cuarto era de tierra y su interior era muy frío, la maestra anterior había dejado un sillón de madera y una colchoneta, además de una estufa de dos parrillas, en medio estaba una mesita de las mismas que se usaban en el salón de clase, era noviembre, casi oscureciendo calenté agua para preparar un té, mientras lo tomaba me paré en la puerta y miré al cielo por largo rato, después me acosté y me sentía dentro de una película de Cantinflas.

sábado, 2 de octubre de 2010

¡¡¡PINCHE MAESTRO!!!

Los chicos tienen derecho al juego, y se puede jugar con la palabra.Las relaciones de aprendizaje deben basarse en el mutuo respeto, pero no en la solemnidad y el culto (el culto al maestro, a lo que se aprende…); pues así implican relaciones de poder incuestionables, que no son recíprocas, ni simétricas.


Luis maría Pescetti.


Deisy era una de esas niñas calladas, tranquila, nunca echaba desmadre, si no le decías que se levante se quedaría ahí encerrada en el salón hasta que alguien se diera cuenta que está ahí al otro día. Se limitaba a decir si y no según le conviniera. Tenía cinco años cuando fue mi alumna en una de varias escuelas en las que estuve trabajando, su papá se había marchado como ilegal a Estados Unidos así que vivía con su mamá y su abuelita; su madre era una señora igualmente callada, con profundas y marcadas ojeras negras, la mayor parte del tiempo con el rostro seco y partido por el frío, seco también era su carácter, reflejo de una vida dura.

Siempre he pensado que formulan un razonamiento erróneo aquellos que creen que la infancia es un paraíso sin problemas ni preocupaciones -cómo quisiera ser niño nuevamente para no preocuparme- dicen sin pensar demasiado. Para mi Deisy y su madre eran de esas personas que llevan el rencor por dentro, siempre serenas, pero también, siempre a punto de estallar, con el hartazgo en sus movimientos y sus palabras, pero resignación a prueba de todo.

No recuerdo con precisión como fue, era el fin de la hora del recreo, pedí a los niños dejaran de jugar para pasar al salón, en esa ocasión y por única vez Deisy siguió jugando, lo hacía girando una llanta vieja por el patio de la escuela, yo pedí nuevamente que pasaran al salón, esta vez un poco más insistente, y entonces escuché -¡¡¡pinche maestro!!!- las palabras venían de la boca de Daysi, naturalmente me sorprendió, pero también traté de comprender, de alguna manera yo estaba violentando su juego, cortándolo de tajo como si con eso le cuchillara la piel, tal vez mis palabras fueron la gota que derramó el vaso con el agua de sus tristezas, o tal vez estaba yo desvariando demasiado. Inmediatamente después de lo dicho vino una mirada de arrepentimiento de esas de ya la cagué, no dije nada, ¿reprenderla?, ¿castigarla?, ¿acusarla? para mi su mirada era suficiente, ella también entendió mi silencio.

lunes, 27 de septiembre de 2010

BARA BARA.

Hace algún tiempo, no hace mucho en realidad, leí en el periódico que comprar chácharas es una práctica antiquísima, debo decir que a mi eso de las chácharas me gusta bastante, pues gracias a ello he adquirido varios de mis libros favoritos a precios de risa; chacharear lleva su tiempo, su modo y sus estrategias, en ocasiones por más que camines y escudriñes (escudriñar jajajajaja) cada puesto nomás nada, en cambio, otras veces, en pocos minutos encuentras un montón de libros tirados, llenos de polvo y pidiéndote "cómprame, cómprame" cual perritos en tienda de mascotas, pero como todo, hay que ver lo que hay y no tomar lo primero que se nos ponga enfrente, ya cuando tenemos el objetivo, es momento de aplicar la estrategia "no convence" en la que hay que tomar el libro como si fuera un bicho raro o una rata muerta, es decir, con dos dedos y haciendo cara de fuchi mientras el vendedor se pregunta si su mercancía huele feo, tiene bacterias come hombres o que, todo esto a la vez que preguntas el precio del libro, que cuando lo escuchas dejas el libro en su lugar con todo el desinterés del mundo y es ahí cuando vienen los "pero se lo dejo en...", "llévese dos y se los dejo en..."

Bueno, pues todo esto para decir que apenas el domingo pasado, una señora que vendía libros usados me obsequió uno para que, en palabras de ella, continuara valorando la lectura, y así será, pues como dice el gran Eusebio Ruvalcaba citándolo textualmente "Yo venero la palabra escrita. Casi tanto como la música. La tengo puesta en un altar... He dejado al margen horas de silencio, horas de amor. Porque la palabra escrita me ha dado casi todo lo que soy: lo mismo me ha dado para comer (aquí ojo, a mi la palabra escrita no me ha dado para comer, pero en éste momento casi casi) que ha puesto en mi camino los mejores amigos, o mujeres maravillosas que me han prodigado amor, bondad, conmiseración. Por la palabra. Por la palabra escrita... Para mí la palabra escrita es un elemento de conciliación, de entendimiento, de alegría, de humor —y de honor—, de conocimiento, de ocio, de acercamiento, de templanza, de tender puentes amorosos, afectivos, de amor por la vida." Así que como dice el viejo adagio chino "Si tu tenel dinelo, visital mujeles solas" (¿solas de solitas o zolas de experimentadas? eso no lo aclara el adagio pero bueno, ¿qué se le va a hacer?)*

*Adagio que nada tiene que ver con lo aquí escrito pero está inspirado en el libro Un hilito de sangre de Eusebio Ruvalcaba. Por cierto, si quieren ver el texto completo de la cita dá click AQUÍ.

martes, 21 de septiembre de 2010

COMO NUEVO.

Continuaba como docente en preescolar pero en otra comunidad, esta vez era en Chalcatongo de Hidalgo, lo mismo, en Oaxaca. Me tocaba dar clases a los niños de tercer grado, es decir, a los de cinco años. Como en muchas partes del país cada escuela tiene que hacer rifas, bailes y kermeses para obtener dinero y así poder mejorar en algo el inmueble escolar, en aquella ocasión se organizó un baile el día catorce de febrero (en el que por cierto el encargado de intendencia que esa noche era el encargado de la venta en cantina terminó en el suelo de borracho, pero esa es otra historia) días después se realizó una pequeña kermes a la cual llegué con las ganas de un perro atropellado por haber dormido un par de noches en el suelo y en plena calle participando en un plantón frente a la secretaría de gobernación en la Ciudad de México, fueron días intensos y de mucho trabajo.

Finalmente en una asamblea con los padres de familia se decidió que el dinero obtenido con el esfuerzo de todos se utilizaría para pintar los salones y colocarles loseta, a mi me hubiera gustado para otras cosas pero donde manda capitán se chinga marinero. Como a la fortuna le gusta sonreírme con esa boca macabra, mi salón fue el primero en ser bellamente beneficiado con la pintura y la loseta y después de un par de días, por fin podríamos gozar de ese salón que había quedado como nuevo.

Comenzamos las actividades y como es usual en ese nivel, se utilizan materiales como pintura , plastilina, resistol y otros similares; como era de esperarse, no falta quien tire el botecito de pintura vinílica, otros que al agitar un pincel sin querer ensucian piso, paredes y el rostro de algún compañero, otros a los que se les cae un trozo de plastilina y al querer levantarla la pisan y no falta tampoco quien sin maldad pero con descuido limpie sus manos de cualquier líquido viscoso en piso y paredes ( si los niños alcanzaran el techo les aseguro que ahí embarrarían sus mocos) como cualquier persona nueva y no tan nueva en el arte de la vida, tropiezan unos con otros, derramando todo aquí y allá, lo cual por lo menos para mi , resulta parte del proceso educativo y de algo mucho más grande: de la exploración de lo que llamamos mundo y vida. Pero mi parecer no era el parecer de todos y como dije antes, donde manda capitán...ustedes ya saben. Entonces la directora del plantel me pidió, eso sí, muy amablemente que tratáramos (debíamos) de dejar el salón como estaba, es decir, recien pintado, lo cual me pareció absurdo, pero donde manda...ya, ya, ya.

La consigna me resultaba imposible, pues habría que sacrificar libertad, creatividad e imaginación por escrupulosidad, cuidado y limpieza; una suerte de higiene en la apariencia reemplazaba lo divertido que pudieran tener las actividades, pero ni el grupo ni yo estábamos dispuestos a darnos por vencidos, había formas de resistir. Durante mi estancia en esa escuela las cosas cambiaban constantemente de lugar, mi escritorio, el mueble del material, las mesitas de los niños, en fin, era para tapar las manchas y que el salón pareciera constantemente como nuevo. Un par de semanas después (o sea dos semanas) terminó mi labor ahí, tenía que ir a otra escuela.

P.D. Meses después se realizó una reunión de profesores en ese salón, al asomarme, aún estaban las manchas que habían dejado los niños y muchas más.

Mapas google coopera nuevamente con la vista de Chalcatongo de Hidalgo.


Ver mapa más grande



Bonita foto donde hago de diablo en una pastorela en el Jardín de Niños de Chalcatongo de Hidalgo, Oaxaca. (click sobre la imagen para verla más grande)

viernes, 10 de septiembre de 2010

CUESTIÓN DE IDENTIDAD.

Mis padres nacieron en pequeños pueblos de la Mixteca Alta Oaxaqueña, en algún momento de su vida decidieron irse a vivir en la tan rejega Ciudad de México, además de eso, se les ocurrió tener a sus hijos ahí y no volver a su tierra natal si no es de vacaciones. Mis hermanos y yo nunca aprendimos a hablar en mixteco (decía mi papá que cuando él estaba en la primaria los profesores los castigaban y hasta golpeaban cuando hablaban su lengua materna, así que supongo que cierto reflejo de protección o instinto de conservación le dictó desde su interior no enseñarnos a nosotros el mixteco) jamás nos educaron bajo las costumbres y tradiciones de su pueblo, tampoco supimos de fiestas tradicionales , vestido y otras cosas propias de aquellos lares, con decir que poco conocemos a gran parte de nuestra familia que vive allá y que pocas veces recuerdo haber visitado, tal vez dos ocasiones, tres si acaso. Tan ajeno que nos resultaba todo aquello, nunca nos consideramos mixtecos, pero, ¡oh sorpresa! tampoco éramos chilangos y tampoco lo considerábamos; para resumir (éjem), en un sentido propiamente cultural no éramos ni de aquí ni de allá, como cientos de hijos de gente que tuvo que salir de sus estados natales buscando trabajo en el D.F. y nadie tampoco nos consideraba propios ni aquí ni allá. Nosotros vivíamos en el área metropolitana al oriente de la ciudad, donde poco preocupaban esas cosas, pues la gran mayoría de la gente que ahí vivía venía de distintos lados del país, además que esas cosas de ser de un lado o de otro nunca me importaron mucho, pero el destino es cruel y me tenía preparada una sorpresa.

Por cuestiones que uno nunca acaba de explicarse, terminé trabajando en la mismísima Mixteca Alta Oaxaqueña por dos años como docente en zonas rurales, no tan cerca del pueblo de mis papás, pero eran pueblos que hablaban mixteco y que formaban parte de un mismo conjunto cultural aunque con sus distinciones, y ahí empezó el interrogatorio sobre la identidad, -¿de dónde eres?- me preguntaban, a lo que yo respondía con la única verdad -soy de México- (así le dicen al D.F. y al Edo. de Méx. en muchos lados del interior de la República) y poniendo cara de fuchi me decían -¡ay sí! y te crees mucho- continuando con las preguntas la siguiente era -¿y de dónde son tus papás?- yo respondía con otra verdad -son de aquí, de Oaxaca- ¡errrrrrrrrrrrrrrrrrooorrrrr!, después de contestar eso venían los reclamos, y no sé si es porque se sentían ofendidos o invadidos -si tus papás son de aquí tu eres de aquí también, ¿por qué niegas tus raíces? ¿te da pena ser de aquí? ¿por qué niegas tu tierra? ¿por qué esto? ¿por qué aquello?- cada vez que me comenzaban a preguntar de dónde era o dónde había nacido, veía venir un verdadero calvario, pues nunca me puse a pensar con seriedad eso de identificarse en extremo con el lugar de nacimiento, aún hoy creo que no es tan importante y que eso sólo sirve para reñir cuando juega el equipo local favorito, para ser hipócritas y llorar cuando algún mexicano gana una medalla olímpica, para las guerras, para sentirse muy mexicanos el quince de septiembre y para otro montón de cosas absurdas; sentirse muy oaxaqueño, muy guerrerense, muy chihuahuense, muy chilango, muy de nosédónde o de plano muy mexicano sirve para dos cosas y ninguna de esas dos cosas sirve para decir "No me llames extranjero".

jueves, 9 de septiembre de 2010

"EL COSTUMBRE"

Durante algún tiempo fui docente de preescolar (sí, de preescolar) y en alguna ocasión me tocó organizar el evento de clausura de fin de ciclo, estaba en una localidad rural llamada Unión de Galeana, perteneciente al municipio de Santa Cruz Itundujia, en Oaxaca, que tiene algo así de 380 habitantes más o menos, creo que he visto más personas esperando el metro en un andén, pero bueno, se realizó una reunión con los padres de familia para acordar cómo organizar el borlote, que si el vals, que si los padrinos de los niños (no sé en otros lugares, pero allá en Oaxaca los niños que terminan algún nivel escolar tienen padrinos y todo) que si los adornos y no sé qué más; el caso es que a los padres se les ocurrió pedirme que pusiera un baile estilo duranguense, que porque sus retoños se ven remonos bailando esas fregaderas, ¡válgame el cielo! pues a mí ni me gusta bailar y mucho menos me gusta el duranguense, pero ni modo, además de vals había que bailar duranguense, porque fue por votación (en ese momento odié la democracia).

Siendo una comunidad rural de pocas personas y de escasísimos recursos, se me ocurrió que la ropa para el día de la clausura podría ser el uniforme que de todas maneras tendrían que comprar para sus hijos en la primaria, se alzaron gritos de espanto y una mamá casi casi de desmaya, todas las personas ahí presentes hicieron gesto de sorpresa o de horror, cómo era posible que les pidiera eso, si del preescolar sólo se sale una vez en la vida y querían que sus hijos salieran lo más elegantemente posible a sabiendas de sus circunstancias y de sus carencias, sabían del fuerte gasto que tendrían que realizar comprando pantalón, camisa, calcetines, zapatos y moño en caso de los hombres; zapatillas y vestido de quinceañera para las mujeres (que además no lo volverían a usar en su vida) , pero no les importó mucho, porque además, era "el costumbre" (sic) del pueblo. Maldita costumbre dije yo para mis adentros, no alcanzaba a comprender cómo es que esas personas con tantas dificultades económicas no vieran lo provechoso de la propuesta, pero Octavio Paz tenía razón en su Laberinto de la Soledad en el que decía que al mexicano le gustan tanto las fiestas y las reuniones públicas, pues era ocasión para salir de su laberinto y más que festejar y divertirse, al mexicano le gusta excederse en las fiestas; comer hasta el hartazgo, beber hasta el olvido y gastar lo que no se tiene, comprendí entonces que no era tan irracional sus ganas de lucir cierta elegancia de espejismo y jamás alcanzada, simplemente era el costumbre.

Mapas google coopera para este post con la imagen satelital de Unión de Galeana.


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